Después de unos agradables -aunque agotadores- días en la montaña, nada mejor que volver a la comodidad del sofá. Casualidades de la vida, el SOL continuó luciendo algunos días sin que ninguna nube se interpusiera en su camino, por lo que yo en lugar de hacer mis siestecitas estivales en el sofá las hice en el jardín.

En cuanto uno deja de pensar en las cotidianas tareas del día y presta atención a su alrededor, puede ver escenas como las de estas fotografías. Ya se que estas fotografías vistas desde latitudes más sureñas no tienen la espectacularidad de las fotos que hice en la montaña. Pero creedme que cuando uno vive aquí, el punto de vista cambia.
En ocasiones pienso que, debido a las estaciones, vivir en Noruega es como vivir en dos paises distintos. El frío invierno transforma el país, trae consigo tranquilidad, nieve, estrellas, oscuridad, esquí...

El verano, como cara opuesta de la misma moneda, nos brinda colores, movimiento, sonidos (cantos de pájaros, insectos), luz... y siestas en el jardín :-)
Ese mismo campo estaba hace 6 meses cubierto por medio metro de nieve y hoy es un bonito jardín lleno de vida. Los bichos van y vienen recolectando comida y almacenándola para los meses de escasez venideros.
Estos cambios estacionales tan bruscos han influido, por descontado, en la manera que tienen los noruegos de ver las cosas. Por ejemplo, ¿cómo se dice mariposa en noruego? Sommerfugl, que significa literalmente "pájaro de verano".

Algún curioso lector me pregunta por las babosas. Después del invierno y después de aquel artículo, la pregunta es ¿volvieron las babosas? No tengo un claro ganador. Siempre quedará alguna, no creo que desaparezcan del país. Aunque es verdad que no se ven tantas como el año pasado (era exagerado). No creo el frío haya sido la única causa. Estoy seguro de que las "cazerías" organizadas por la kommune han tenido algo que ver.
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Subidas y bajadas --- 09-08-2010
Después de pasar la noche en Gjendebu, continuamos nuestro camino. Íbamos por un bonito camino bordeando el lago, agua a la derecha y bosque a la izquierda. En unos 20 minutos esta parte termina y empieza la siguiente.


En alguna ocasión es necesario escalar una pared. Para ayudar, hay cadenas dispuestas. A pesar de la ayuda, es importante concentrarse y no bajar la guardia ya que aquí un error te puede costar la vida (apenas unos días después de nuestro paso por la zona, un hombre perdió la vida al resbalar en la zona más empinada).
Una vez superado Bukkelægret, es necesaria una pausa para recobrar el aliento y disfrutar de la maravillosa vista que tanto esfuerzo ha costado.

Después del merecido
descanso, a unos 1500 metros de altitud, seguimos nuestro camino. Ahora
toca la parte fácil de la jornada, camino "normal" de montaña, sin
demasiadas subidas
ni bajadas. Al sur, se encuentra siempre el lago de Gjede, con sus
imponentes 18 km de longitud. En todo momento son visibles los picos
nevados de las
montañas, los glaciares descongelándose y los largos torrentes y
cataratas que este deshielo provoca. En función del viento los saltos
de agua se
escucharán más o menos. En algunos momentos,
simplemente, no se escuchada nada. Sólo el silencio.El descenso comienza cuando se han recorrido 2/3 de la etapa. Un pliege en la tierra con perfil caprichoso forma la pequeña cordillera en cuyos pies se encuentra la cabaña de Memurubu.

El tramo final de descenso es también muy pronunciado, aunque no tan exagerado como Bukkelægret. Aún así, está claro que la etapa del día ha torturado nuestras rodillas, aunque ha recompensado a los ojos con exquisitas vistas y al espíritu con calma y paz. Si el viajero es capaz de llegar a Memurubu antes de las 19:00h, su estómago también se verá recompensado con algún típico plato autóctono.
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Lagos, valles y montañas --- 26-07-2010
A los 15 minutos de haber salido de Leirvassbu nos cruzamos con "mamá reno y sus renitos". Iban de paso, no se a dónde, y nuestra presencia no pareció importunarles. Supongo que los retoños tienen que darse prisa en crecer y almacenar grasa para poder sobrevivir el duro invierno, así que puede que fueran de camino al valle de al lado en busca de suculentos y nutritivos bocados vegetales.

El perfíl de la etapa del día se encontraba bastante compensado en cuanto a subidas y bajadas se refiere. La primera parte consistió en un ligero ascenso a lo que sería el punto más alto de la etapa. Desde allí arriba y gracias al buen tiempo, lo que pudimos ver fue esto:

La costra que cubre casi completamente el lago es hielo. Aunque a muchos no os lo parezca, la foto esta hecha en pleno verano :-) También he tomado una panorámica en video del lugar.

El paisaje sigue un patrón bastante marcado y característico. Entre cada dos puntiagudas montañas hay una depresión en la que hay un lago y en el lago siempre hay algo de hielo. O bien porque el lago todavía se encuentra medio congelado o bien porque la lengua de algún "pequeño" glaciar desemboca allí, dejando algún que otro iceberg en miniatura.

La punta de la montaña de la foto de arriba es la misma que se puede observar en la parte izquierda en la segunda fotografía. Parece que estemos "al lado" y en realidad el pico está a más de 17 km (¡en línea recta!). El camino transcurre bordeando el lago, al final del cual hay otro lago, al final del cual hay una catarata...
...que marca el principio del valle que termina en la cabaña de Gjendebu, junto al lago famoso lago Gjende. El cambio de paisaje con respecto al principio de la etapa ha sido radical. Pasamos de las áridas y escarpadas cimas de las montañas al fértil valle con su bosque lleno de vida.

Hablando de vida, los árboles del bosque se encontraban repletos de unas orugas que colgaban de las ramas mediante un hilo de seda. A pesar de las orugas y los árboles las montañas siguen muy presentes en el paisaje para recordarnos que seguíamos en Jotunheimen...
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